REFLEXIONES EN LA ARENA XXXIII. (9-VII-2010)
ENTRE LA VUVUZELA Y EL JABULANI Y LA REFORMA DE LA LEY DEL ABORTO.
Desde hace un mes se viene celebrando en Sudáfrica el Campeonato Mundial de Fútbol. Desde hace un mes treinta y dos selecciones se han estado disputando la supremacía en el deporte rey, el fútbol. Selecciones de fútbol que representan a países ricos o a países pobres. Se ha enfrentado el mundo rico contra el mundo pobre, y por primera vez en Continente Africano, la antiguamente colonizada África, ahora independiente políticamente, pero no en el aspecto social y económico. Pero hoy no voy a reflexionar sobre el Mundial de Fútbol. Hoy la protagonista es Sudáfrica y sus contrastes.
Sudáfrica, un país de 1.200.000 kilómetros cuadrados, donde viven unos cincuenta millones de habitantes, casi el ochenta por ciento de etnia negra, donde la población de etnia blanca apenas llega al diez por ciento. Sudáfrica, un país al que la antigua potencia colonizadora, Inglaterra, le concedió una
independencia vigilada en 1910, y que después de varios conflictos bélicos, llamados Guerras Boers, entre ingleses y colonos holandeses, en 1961 proclama la República de Sudáfrica. Previamente, bajo el gobierno del Partido Nacional, racista y pronazi, desde 1948 el “Sistema de Apartheid” impedía el contacto de la población blanca y la negra.
El Apartheid, “Separación” en idioma africaner, no reconocía derechos a la inmensamente mayoritaria población negra, que no tenía acceso a servicios públicos, que vivían separados en ghetos de los que solo podían salir para trabajar. Esta vergonzante situación mereció la unánime condena de la llamada Comunidad Internacional, que le impuso fuertes sanciones políticas y comerciales. Incluso se le impidió participar en competiciones deportivas como los Juegos Olímpicos, Mundiales de Fútbol o de Rugby, deporte nacional de la minoría blanca.
Este sistema de separación racial tuvo su fin “oficial” a finales de la década de los ochenta del pasado siglo, cuando se inicia un tímido proceso de “reconciliación nacional” entre negros y blancos. La liberación del líder negro Nelson Mandela, tras veintisiete años de cárcel, fue el inicio de esa nueva
era en ese país. Mandela era el líder histórico del Congreso Nacional Africano (CNA), una organización socio-política liderada por el Partido Comunista de Sudáfrica y la Confederación de Sindicatos de Trabajadores Negros.
Las potencias colonizadoras del Siglo XIX, principalmente Inglaterra, Alemania y Holanda, fijaron sus ojos y, sobre todo, sus ejércitos en Sudáfrica por sus riquezas: el descubrimiento de grandes yacimientos de oro y diamantes, además de su gran riqueza natural y su posición geoestratégica.
Pero el gran drama de Sudáfrica, además del racismo, tiene rostro humano: el SIDA. En Sudáfrica esta enfermedad afecta al treinta y uno por ciento de las mujeres embarazadas, el veinte por ciento de la población adulta padece esta pandemia. Se calcula que el SIDA ha causado más de un millón doscientos mil huérfanos.
Pues bien, esa riqueza, esa pobreza, ese drama, ese contraste, se está manifestando en los estadios que albergan el mundial del deporte más
universal: el fútbol. Sí, se manifiesta entre el ensordecedor sonido de una trompeta llamada Vuvuzela, “Baño de sonido” en el idioma zulú, una mezcla del barritar de los elefantes y del zumbido de las abejas, y la trayectoria impredecible y errática de un balón llamado Jabulani, “Celebración” en el idioma zulú, que según los expertos es una esfera perfecta. ¿Es que los balones de otros mundiales o los que usamos ahora no eran o no son perfectamente redondos?
No quería hablar de la Reforma de la Ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, conocida como Ley del Aborto, pero no puedo ni quiero renunciar a denunciar la gran hipocresía de la derecha nacional-católica
española. Esa misma derecha que mandaba a Londres a sus hijas solteras embarazadas por un “desliz” para que abortaran, aunque oficialmente iban a estudiar inglés. Esa misma derecha es hipócrita y demagógica, pues estuvo gobernando ocho años y no derogó la ley aprobada en 1985. Con la reforma de la ley, que entró en vigor el pasado lunes, se pretende, entre otras cosas, dar más seguridad jurídica a las usuarias y a los profesionales.
El aborto es un derecho recogido en la legislación de la inmensa mayoría de países con los que estamos homologados o pretendemos estarlo. ¿Entonces, qué pasa? Pues que las fuerzas más reaccionarias de la sociedad española, representadas por el Partido Popular, siguen en su cruzada nacional-católica en contra de este derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Ninguna mujer está obligada a abortar, pero sí puede ejercer este derecho si lo desea. Ninguna mujer aborta por placer o porque le da la gana.
Preocupantes han
sido las manifestaciones de Ramón Luís Valcárcel, Presidente de la Región de Murcia, “No hay motivos para acatar la Ley del Aborto”. Tiene guasa que esto lo diga el presidente de la comunidad autónoma donde proporcionalmente más abortistas hay de España. ¿Acaso pretende que las mujeres murcianas se vayan a otra parte a ejercer un derecho recogido en una ley aprobada por el Parlamento Español? ¿Les pagará el viaje a Londres solo a las “niñas de papa” murcianas?
El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al mes de junio establece cuales son las preocupaciones de los españoles: para el 76% es el paro; la situación económica preocupa al 53%; mientras que la clase política se sitúa en tercer lugar para el 20% de los encuestados. Claro, con personajes como el citado anteriormente no es de extrañar.
Papanatas de la semana el Presidente del Gobierno Español, José Luís Rodríguez Zapatero: “Hoy estoy de muy buen humor, porque España le ganó a Alemania”. Y Mariano Rajoy: “Estoy contento porque España ganó y, sobre todo, porque fue eficaz”. Consuelo de tontos, alegría de muchos.