REFLEXIONES EN LA ARENA LV
REVUELTAS EN EL NORTE DE AFRICA; LA CUMBRE DE DAVOS Y LA CONFERENCIA NACIONAL DEL PARTIDO POPULAR.
Las condiciones de vida, de desempleo, corrupción y falta de libertades en Túnez han provocado que desde mediados del pasado diciembre algunos sectores de la población se manifiesten en muchas ciudades del país para expresar su malestar. Las protestas se incrementaron a partir del 17 diciembre cuando un joven licenciado, Mohamed Bouazizi, se autoinmoló frente a un edificio oficial para protestar porque la policía le había requisado las verduras que vendía para ganarse la vida. Comenzaba la llamada “Revolución del Jazmín”.
La indignación ante este echo y las condiciones de vida en el país sacaron a muchas personas a la calle para protestar. Desde el inicio las
fuerzas de seguridad intentaron silenciar estas protestas con una sangrienta represión causando decenas de muertes. Se ha hecho un uso excesivo de la fuerza, usando armas de fuego en contra de los manifestantes y lanzando gases lacrimógenos. También se llevaron a cabo detenciones masivas y redadas. Toda esta represión se intentó realizar en silencio, forzando un bloqueo informativo de la prensa nacional y extranjera, cerrando páginas web y correos personales de activistas.
La salida del país de Zin el Abidin Ben Ali, presidente desde hace 23 años, y la declaración del estado de emergencia no han servido para devolver la calma a Túnez y acallar las protestas. A pesar de la liberación de presos políticos y de algunas concesiones del nuevo gobierno en las calles se sigue clamando por justicia y libertad. Las autoridades de Túnez tienen la
responsabilidad de mantener la ley y el orden, pero la protección de los derechos humanos ante cualquier situación es también su obligación, y su actuación debe respetar las normas internacionales de derechos humanos. Las nuevas autoridades tunecinas también deben asegurarse de que las fuerzas de seguridad no hacen un uso excesivo de la fuerza en contra de los manifestantes y a su vez deben investigar las muertes y los abusos que han tenido lugar. El nuevo gobierno debe hacer de la defensa de los derechos humanos uno de los pilares de su actuación.
La paradoja de esta situación viene como siempre de la democrática Europa, que aún no se ha pronunciado, que todavía no ha manifestado su apoyo a las manifestaciones populares ni al gobierno provisional. Nada nuevo bajo el sol.
En estos días las revueltas populares se han trasladado a Egipto,
donde Hosni Mubarak se mantiene en el poder desde hace 30 años. Durante ese tiempo las diferencias sociales se han multiplicado, la pobreza, el alto desempleo, la corrupción y la represión son las señas de identidad de su gobierno. Ya se ha producido una decena de muertos y centenares de heridos y detenidos. Hace algunos días llegó al país Mohamed El Baradei, ex Secretario General de la Organismo Internacional de Energía Atómica y Premio Nóbel de la Paz en 2005, que lidera uno de los partidos opositores al régimen de Mubarak, y que ha manifestado su predisposición a colaborar en una salida pacífica a la crisis.
Otro país que anda revuelto es Argelia, donde también el descontento popular va en aumento. Este país vive oficialmente en “estado
de excepción” desde hace 20 años. En 1990 las elecciones municipales fueron ganadas con el 65% de los votos por el Frente Islámico de Salvación (FIS), un partido fundamentalista. Un año después, en la primera vuelta de las elecciones generales, vuelve a ganar el FIS con el 24% de los votos. Las elecciones fueron invalidadas y el FIS ilegalizado. Escandalosamente, la democrática Europa no condenó este golpe de mano y aplaudió la decisión del gobierno argelino.
El África árabe se rebela por la falta de democracia y libertad ante la indeferencia y la hipocresía de la democrática y desarrollada Europa.
Frente a esta situación de desesperación social y económica, vuelve a celebrarse la Cumbre de Davos, una idílica estación de esquí en Suiza, donde los gobernantes de los países ricos se reúnen con las grandes
corporaciones financieras y empresariales. Es decir, los causantes de la crisis mundial que azota a la Humanidad se reúnen para evaluar la privatización de las ganancias y para seguir socializando las pérdidas. Allí se elogiarán unos a otros, se darán palmaditas en la espalda. Un año más, estos sinvergüenzas se irán de rositas después de hartarse se caviar y champagne, mientras miles de millones de personas viven con menos de un euro al día o millones de niños mueren por unas simples diarreas.
El Partido Popular celebró su Conferencia Nacional en Sevilla, donde se aprobaron las líneas programáticas de las próximas elecciones municipales. Allí se dieron cita los populares en medio de la euforia que le inyectan las encuestas, una media de 10 puntos sobre el PSOE. Y a esa
euforia se aplicaron los protagonistas de los mayores fracasos autonómicos del PP. Primero, Jaime Mayor Oreja, que en Euskadi no se comió un rosco y se autoexilio al Parlamento Europeo, pero que sigue con su matraquilla de la negociación del gobierno con ETA. Y el otro, es el “señorito andaluz”, Javier Arenas, que no sabe donde poner el huevo, o en Sevilla o en Madrid. Ambos, junto con José María Aznar, políglota e historiador, fueron los auténticos protagonistas en Sevilla.
Y en medio de ellos, emergió la figura de Mariano Rajoy, que ya se ve presidente del gobierno, criticando la política económica de Zapatero aunque sería la que él realizaría, pero multiplicada por tres si gobernara. Rajoy se frota las manos porque Zapatero y su indolente partido le han hecho el
trabajo sucio, desarrollando las políticas sociales, económicas y laborales que le han impuesto los que gobiernan en Europa: la derecha ultra liberal.
El Papanata de la semana es Mariano Rajoy, autor de la frase que resume la conferencia de Sevilla: “España tiene sed de urnas”. La respuesta le vino de Cayo Lara, Coordinador Federal de Izquierda Unida: “Lo que tiene España es sed de empleo”. ¡No por mucho madrugar, amanece más temprano, Mariano!