Juramentos y palabras de honor

Publicado en por ME QUEDO BOBA

Antiguamente, los chicos peleábamos a la salida del colegio, si durante el recreo algún compañero había puesto en duda nuestra palabra de honor. Eran tiempos diferentes, con más ingenuidad que en esta época.

Poner el honor o jurar como aval de esto o de lo otro era un argumento al que algunos pibes recurríamos con cierta soltura. La razón era porque también oíamos esas palabras en la boca de nuestros mayores.

A veces se solía llevar el asunto hasta las últimas consecuencias. Es decir, se solía zanjar, fuera de clase, de la siguiente forma: maletas al suelo, puños y allá cada cual. A veces al finalizar la pelea nos dábamos la mano. En otras no era sí.

Hoy, al hablar a un chico de honor, lo más probable es que te mire como si acabaras de fumarte un porro. También, de cuando en cuando aparece un político en el telediario diciendo: "Prometo por mi honor cumplir los deberes de mi cargo". Pensamos que no hay nada más eficaz para corromper el término "honor" que ponerlo en manos de un político, sea consejero, viceconsejero, director general, secretario general, asesor, o como en el caso de que nos vamos a ocupar, todo un presidente del Gobierno de la Comunidad Autónoma Canaria.


Paulino Rivero, demudado, pálido y solemne, dirigiéndose a la Cámara dijo: "Juro por mi honor que en mis treinta años, desempeñando tareas públicas, jamás he utilizado los cargos para beneficiar a familiares y amigos". ¿Ha olvidado, al parecer, Paulino que en su trayectoria política ha sido alcalde, consejero del Cabildo Insular, diputado, presidente de CC y ahora del Gobierno de Canarias, y que, por supuesto, ha nombrado consejeros y altos cargos en número superior a cien y otros tantos asesores y directores o gerentes de organismos autónomos, empresas públicas y otros entes?

A nosotros nos consta de algún familiar e hijos de votantes y amigos de El Sauzal están colocados en estos organismos, habida cuenta que sólo bastaba pedírselo al Ruano, al Santa o al Ortiz de turno.

Le está creciendo la nariz como a Pinocho, decía Ángel Isidro Guimerá, refiriéndose a Miguel Zerolo. Lo mismo, lo mismo le decimos a usted, señor Rivero. ¿Sabe que cada día se extiende más y más la idea de que los políticos desprecian a la opinión pública, ya que en proporción creciente no se dedican a atender al bien común sino al medro personal, a la colocación de sus parientes y amigotes?

Basta oír. Aquí se sabe todo. Tenemos algunos datos que avergonzarían a los que juran o prometen en falso.

Fidel Campo Sánchez

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Etiquetado en POLITICA

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