Siete armas y 24 muertos en el pozo
"Ha sido muy difícil llegar hasta aquí", confiesan los dos especialistas que sacaron los restos óseos de una parte de los desaparecidos en 1937 en Arucas
EVA PÉREZ - ARUCAS.
Hasta siete armas participaron en la muerte de las 24 personas halladas el año pasado en el fondo del pozo del Llano de las Brujas, en Arucas. "Ha sido muy difícil llegar hasta aquí". Habla José Guillén, coordinador de los trabajos arqueológicos de exhumación que se llevaron a cabo entre noviembre de 2008 y abril de 2009. Guillén y su compañera de fatigas, la antropóloga Marta Alamón, pasaron todo ese tiempo en un viaje continuo de ida y vuelta a 55 metros de profundidad, donde fueron arrojados al olvido 24 hombres, víctimas de la represión franquista durante la guerra civil.
Ayer, con motivo de la inauguración de las IV Jornadas de la Memoria Histórica Canaria que organiza la Asociación para la Memoria Histórica de Arucas, se expusieron parte de los resultados de ese delicado trabajo, ante la compungida atención de familiares de las víctimas.
Hace 73 años, el 18 de marzo de 1937, desaparecieron en Arucas 69 varones, todos ellos relacionados con la izquierda, afiliados a partidos políticos o sindicatos. Nada se volvió a saber de ellos. No hubo noticias de su paradero, ni certificado de defunción, ni carta de despedida. La tradición oral, que sobrevivió al miedo y la represión una generación tras otra, conservó la memoria de sus padres, abuelos o tíos desaparecidos.
Los trabajos de exhumación en el pozo del Llano de las Brujas han sacado a la luz información muy valiosa sobre lo ocurrido a su alrededor y a la espera de los resultados de los estudios genéticos, sí se han podido dilucidar datos relevantes sobre esas 24 personas. Su edad, las patologías que sufrieron en vida o a qué se dedicaban, dato que se deduce del estudio de los marcadores músculo-esqueléticos.
DOS TANDAS. Las excavaciones permitieron descubrir que las víctimas fueron arrojadas en dos momentos distintos, ya que se encontraron dos depósitos diferentes, con 14 y 10 víctimas respectivamente, que fueron cubiertas con sacos de cal. La minuciosidad de estos trabajos arqueológicos permite conocer incluso el orden en el que fueron arrojados a la oscuridad.
Los trabajos incluyeron una exhaustiva excavación en un perímetro de cuatro metros alrededor del pozo antes de acceder a él. Se encontraron casquillos, restos de balas y botones, entre otras pruebas del horror. Los estudios de este material han permitido saber que participaron al menos siete armas.
"Es el escenario de un crimen", como lo describe Marta Alamón, que se encontró con la cara más cruel de la violencia en el fondo de "un siniestro pozo" del municipio de Arucas.