REFLEXIONES EN LA ARENA XXXVII.
EL FIN DE LA “GRIPE A” Y LAS GUERRAS DE IRAK Y AFGANISTAN.
Se acaba el verano, un verano raro, con lluvia y calor asfixiante. Un verano diferente al de años pasados, pero que se está consolidando. ¿Será como consecuencia del cambio climático? Lo cierto, es que el tiempo está cambiando; que las estaciones ya no están definidas como antes: los veranos pueden ser otoños y los inviernos primaveras. En verano la gente se relaja y viaja, el que puede, que son los menos. Pero también pasan cosas importantes que a veces pasan desapercibidas. Los políticos, uno más y otros menos, aprovechan el tiempo para irse de romerías y alguno que otro de rositas. Pero vayamos por partes. Tres noticias me han llamado la atención.
El pasado 10 de agosto la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró terminada la Pandemia de la “Gripe A” en el mundo. Lo que comenzó como una premonición de catástrofe mundial ha terminado como el rosario de la Aurora. Es decir, en nada. Los gobiernos mundiales, y entre ellos el español, atendiendo a las recomendaciones de la OMS comenzaron una frenética compra de millones de vacunas y lanzaron campañas de información y de vacunación destinadas a los grupos de riesgo: niños y ancianos.
¿Pero cuál es la realidad? La realidad es que la OMS erró en sus previsiones: mientras decía que habrían millones de muertos, la realidad es que solo murieron 18.000 personas en el mundo, la gran mayoría por enfermedades asociadas. En España los muertos fueron solo 520, mientras que por una simple gripe, la de siempre, mueren anualmente unas 8.000 personas. Ahora el problema está planteado en la destrucción de millones de dosis, ya que son perecederas.
Para combatir esta pandemia se emplearon muchos recursos humanos y farmacéuticos y como siempre algunos espabilados se han puesto las botas.
Entre estos espabilados destaca Donald Rumsfield, accionista mayoritario de Gilead Sciencies Inc., empresa estadounidense que comercializó el Tamiflú, la vacuna contra la “Gripe A”. Casi nadie este Rumsfield, ex Secretario de Estado de George Bush, donde huele dinero ahí está él. También tiene negocios en Irak con los grupos paramilitares, disfrazados de cuerpos de seguridad para las empresas y personalidades estadounidenses que operan en aquel país.
¿Sabían ustedes que cinco de los diez miembros del Comité de Expertos que asesora a la OMS son reconocidos miembros de las multinacionales farmacéuticas que comercializaron las vacunas?
Otro gran negocio. El pasado 1 de septiembre el Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, anunciaba la retirada de su ejército de Irak. Bueno no de todos los soldados, allí quedarán unos 50.000 para formar y asesorar al ejército y a la policía iraquí. La Guerra de Irak declarada por el “Trío de las Azores” el 20 de marzo de 2003 ha sido un tremendo fracaso de Estados Unidos: más de 4.700 soldados muertos y decenas de miles de heridos. A estas cifras hay que añadir cerca de 200.000 civiles iraquíes muertos y más de un millón de refugiados y desplazados.
George Bush, Tony Blair y José María Aznar, acompañados por el entonces Presidente del gobierno portugués, Joao Durao Barroso, acordaron la invasión de Irak con el pretexto de destruir las armas de destrucción masiva que decían que tenía Sadam Hussein. Siete años después las armas siguen sin aparecer. La gran mentira ha quedado al descubierto. De nada sirvió la oposición de la ONU y de su Consejo de Seguridad. De nada sirvieron los millones de manifestantes que recorrieron las calles de las principales capitales del mundo.
En España de nada sirvió que solo el cuatro por ciento de los españoles apoyaran la invasión. Ni siquiera los votantes del PP la apoyaban, pero Aznar, que se contentaba con tratar de tu a tu a Bush hablando inglés tejano, fue inflexible. En Antena 3 y mirando fijamente a la cámara dijo con voz tenebrosa: “Créanme, Irak tiene armas de destrucción masiva”. Y se quedó tan pancho. Este personaje sí que usó un arma de destrucción masiva: la mentira.
Aznar, junto con Bush, Blair y Durao Barroso, son los responsables de la catástrofe humanitaria y ecológica de Irak, tienen las manos manchadas de sangre, son criminales de guerra y como tales deben ser juzgados y condenados. Su auténtico objetivo era económico para controlar y comercializar los yacimientos de petróleo iraquíes y ampliar la influencia militar en Oriente Medio y acorralar a Irán. Si observáramos un mapa lo entenderíamos: Irán quedaría en medio de Irak y Afganistán.
Porque Afganistán también fue invadido por Estados Unidos en octubre de 2001, con el pretexto de capturar a Osama Bin Laden y de acabar con los talibanes. Diez años después ni han capturado a Bin Laden y los talibanes siguen campando a sus anchas y las mujeres ocultas bajo el burka.
La realidad es que Afganistán sigue en manos de los jefes tribales y de los talibanes y que el Presidente Amid Karsai es un títere del gobierno de Estados Unidos. La realidad es que la democracia no ha llegado, sencillamente porque no se puede imponer y mucho menos en un país en guerra. Lo que no se entiende es qué pinta España en ese país. Oficialmente está en una “misión humanitaria de la ONU”, pero lo cierto es que los 1550 soldados españoles participan en acciones militares, han sufrido bajas mortales y han causado muertos entre la población civil.
Irak y Afganistán son las dos caras de una misma moneda: el estrepitoso fracaso militar de Estados Unidos y de todos y cada uno de los países que le han apoyado en estas “guerras inventadas” por Bush y sus comparsas: Blair, Aznar y Durao Barroso. Estados Unidos no aprende de la historia: fracasó en Vietnam, fracasó en Corea, fracasó en Somalia, fracasó en Nicaragua, fracasó en Cuba, … Y en sus fracasos ha arrastrado al Mundo, sumiéndolo en una crisis económica que ahora todos tendremos que pagar. Algún día tendrá que pagar por sus errores y por sus Crímenes contra la Humanidad.
Papanata de la semana el sacerdote estadounidense que propuso quemar ejemplares del Corán como desagravio por los atentados de las Torres Gemelas en septiembre de 2001. Talibanes como este sí que sobran.
