REFLEXIONES EN LA ARENA XLVII.
LA REUNION DE LOS RICOS; LA DESGRACIA DE LOS POBRES Y EL TREN DEL NORTE.
Los países más ricos del mundo, el llamado G-20, se reunieron la semana pasada en Seúl, Corea del Sur, y entre ellos, estuvo España, sí nuestra España. Esta reunión en sí misma se trataba de eso, de que los ricos se reunieran para lo de siempre: hablar de sus cosas, de sus intereses, para comer bien y algunos, incluso, para hacer footing. Patética la imagen de Zapatero corriendo por unos jardines con el Primer Ministro inglés, David Cameron.
Lo cierto es que se reunieron para resolver la crisis mundial que ellos mismos generaron, junto con los banqueros y multinacionales. Pero ni por esas, ni si quiera para eso se ponen de acuerdo. Los dirigentes mundiales se pegan un viaje de 24 horas, ida y vuelta, sufren el jetlag para nada. Bueno si, para que cada uno de ellos trate de resolver sus problemas y de paso, sacar algunas ventajas. En lo que si estuvieron de acuerdo es en exigirle a China que depreciara su moneda y que contuviera sus exportaciones. Porque ahora
la amenaza es China, la gran potencia económica de este siglo.
En lo que si se pusieron de acuerdo es en dejar las cosas como están, es decir, en seguir haciendo dejación de sus funciones, en seguir permitiendo que sea la economía la que se imponga a la política. Los países más ricos se han reafirmado en la premisa máxima del Capitalismo: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Es decir, en época de vacas gordas se quedan con los beneficios, que generan los trabajadores, pero en época de vacas flacas las pérdidas, sus perdidas, las pagan todos. Consecuencia: cada vez el Estado se debilita más, tiene menos poder, mientras que los que no se presentan a las elecciones, los banqueros y los empresarios, tienen más poder y mangonean la economía y los gobiernos a su antojo.
El G-20 adoptó algunos acuerdillos: no intervenir las divisas; aumentar las reservas bancarias; resolver los desequilibrios comerciales en 2011 y reformar el Fondo Monetario Internacional. Es decir, resolver los problemas del Capitalismo. ¿Qué importa que diariamente mueran miles de niños por unas simples diarreas? ¿Qué importa que miles de personas mueran diariamente por el SIDA? ¿Qué importan los millones de parados que ha generado la crisis del Capitalismo? Esos son problemas de los mortales, de los pobres. Lo que importan son los problemas de los inmortales, de los ricos. Aquí lo importante es seguir viviendo del cuento, perdón de las cuentas, a costa de los de siempre.
En el lado opuesto de estos “ladrones de guante blanco” están las desgracias de los pobres. Empezando por la epidemia de cólera de Haití, donde las víctimas mortales ya superan el millar; donde el descontento popular está al límite; donde la mal llamada Comunidad Internacional ya se olvidó de ese castigado país, donde Estados Unidos sigue manteniendo más de 10.000 soldados para salvaguardar la seguridad de la ayuda humanitaria, dice el gobierno estadounidense, cuando la realidad es que solo le interesa la influencia geoestratégica.
A los que se reunieron en Corea les importa un bledo el drama de las familias que han visto como los “ladrones de guante blanco” embargaban sus casas. En España, por ejemplo, la pérdida del empleo, y como consecuencia la minoración de los ingresos económicos, ha supuesto el embargo de más 230.000 viviendas con las que ahora los banqueros especulan en el negocio inmobiliario.
Estos “ladrones de guante blanco” que han recibido miles de millones del
gobierno, de cualquier gobierno, para reactivar la economía, para que el crédito siguiera generando empleo y consumo, siguen presumiendo de tener miles de millones de beneficios. Pero no contentos con eso, los banqueros españoles todavía se permiten invertir parte del dinero público en patrocinar una escudería italiana de automovilismo, o un equipo de la NBA o la Liga Profesional de Fútbol. Y todavía quieren más financiación pública estos caraduras.
En las últimas semanas el Cabildo de Tenerife está muy ocupado con su campaña itinerante del Tren del Norte, tratando de explicar en los diferentes municipios las bondades de este medio de transporte. Y esta
campaña se desarrolla cuando resulta que en Tenerife tenemos 804 vehículos por cada 1000 habitantes, un dato que no contribuye a la sostenibilidad porque se produce un gran consumo de energía, de territorio y de recursos económicos. Otro hecho es que las guaguas no pueden competir con el transporte privado por la escasez de frecuencias horarias y rutas y por la ausencia de carriles de uso exclusivo.
Entre 2004 y 2007 el transporte público perdió más de cuatro millones de usuarios debido a que el 42% de los trabajadores trabajaban en un municipio diferente al de su residencia y que la proliferación de centros comerciales generaba el incremento de desplazamientos y el uso del transporte privado.
La solución que el Cabildo quiere dar a los problemas de movilidad del norte de Tenerife es muy costosa y en la situación de crisis en que nos encontramos no se puede justificar. La bromita del Tren del Norte costará 1.250 millones de euros y que supondrá la expropiación de casas, terrenos de cultivo y destrucción de empresas, mientras que la habilitación de carriles para guaguas y taxis costaría 386 millones. Pero claro, siempre hay un político, o varios, que quieren pasar a la posteridad. ¡Claro, como el dinero no es suyo!
Asunto a parte es la velocidad prevista: 400 Km/hora, para recorrer los 42 Km que hay entre Los Realejos y Santa Cruz. Lo que si es seguro, es que se producirá un aumento de pacientes en las consultas de especialistas en vértigo.
Papanata de la semana, Ángel María Villar, Presidente de la Federación Española de Fútbol, que durante la visita, con la Copa del Mundo, a la Conferencia Episcopal Española, dijo: “La inmensa mayoría de la gente del “fúrbol” es cristiana católica, ruego a usted (Monseñor Rouco Varela) que gestione ante el “Romano Pontífice” una visita de la Copa del Mundo”. Dios los cría y el mundo los junta. Amén.