REFLEXIONES EN LA ARENA LXXI. (4-VI-2011)
ELECCIONES 2011: ESPAÑA AMANECE POPULAR Y AZUL.
La noche del 22 de mayo se convirtió en “fiesta nacional” en las sedes del Partido Popular, vencedor incuestionable de las elecciones municipales y autonómicas. ¿Pero ganó el PP o perdió el PSOE? Hay quien dice que unas elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el gobierno.
El Partido Popular obtuvo más de 8.475.000 votos y 26.500 concejales y gobernará en la mayoría de las capitales de provincia. También fue el más votado en las autonomías donde se celebraban elecciones excepto en Asturias y Navarra. Detrás de la victoria del PP se esconde una realidad: que sigue igual, que apenas gana votos. Solo ha aumentado medio millón, una nimiedad con la que está cayendo. Es decir, su techo es visible.
El PP ha rentabilizado su demagógica posición ante la crisis española, negando el apoyo al gobierno en sus recetas para rebajar el déficit. Los populares hubieran sido más drásticos en sus medidas anticrisis porque eran impuestas por el “gobierno europeo”, el eje Berlín-Londres-París, donde gobiernan sus partidos hermanos. Pero claro, el PP no gobierna en España y, por ello, jugó a ser el “partido de los trabajadores”, en palabras de Dolores de Cospedal. Es decir, dejó que Zapatero se quemara en su propia hoguera, y vaya si se quemó: salió chamuscado.
En estas elecciones, el PP se ha retratado: sus candidaturas estaban plagadas de centenares de imputados por corrupción y todos ha sido elegidos. Algo falla en esta democracia. Una cosa está muy clara: en España mucha gente vive del entorno de la corrupción, de lo contrario no se explicaría el ascenso de los populares.
Pero por encima de cualquier apreciación lo cierto es que la mayor
ventaja del PP reside en la fidelidad de su electorado, que le perdona la corrupción e, incluso, la ausencia de su líder, Mariano Rajoy, que es consciente de que cuanto menos hable, mejor. Los populares celebraron su victoria “comulgando pepinos” españoles.
El Partido Socialista Obrero Español ha sido el gran perdedor del 22-M: 1.600.000 votos menos. Gran parte de esos votos se fueron a la abstención. El electorado socialista le castigó no yendo a votar, siempre lo hace así. El PSOE pagó muy cara su política de recortes salariales, de congelación pensiones y su sumisión a los mercados financieros e inmobiliarios.
Su pérdida fue generalizada en ayuntamientos y autonomías. Solo
podrá gobernar en coalición en Asturias y en Extremadura. Su derrota se puede personalizar en Barcelona, donde pierden la alcaldía que presidían desde 1979. Su derrota electoral se produce por algo muy sencillo: por traicionar a su electorado. En la noche electoral del 14 de marzo de 2008, los jóvenes le gritaron a Zapatero, “¡No nos falles!” Y les falló y por eso perdió.
Ahora el PSOE está sumido en la desesperación, en la frustración, en el desconcierto. Zapatero ha renunciado a la reelección y se busca sucesor. Los candidatos eran el “Todo terreno” Alfredo Pérez Rubalcaba y la “Ministra de Guerra” Carmen Chacón. Pero finalmente el “Rostro amable” del PSOE renunció a presentarse a unas elecciones primarias. Patético fue su anuncio tratando de justificar la imposición de Zapatero. “Por favor, llámenme, Alfredo”. Pues eso, sobre Rubalcaba recaerá el paquete de rescatar al PSOE.
Izquierda Unida recupera parte del electorado perdido: 1.700.000 votos, aumenta un 25% en autonomías, reflejado principalmente en Navarra, Aragón y Extremadura. Consigue más de 2.600 concejales. IU crece en parte por trasvase de parte del electorado socialista y, sobre todo, de los jóvenes. Recoge el descontento de las clases populares y trabajadoras y afronta las próximas elecciones generales con optimismo.
La gran sorpresa la dio Bildu, la izquierda abertxale vasca, con más de 310.000 votos, convirtiéndose en la segunda fuerza de Euskadi. Esto demuestra que las ideas no se pueden ilegalizar y que pese a quien pese, PSOE y PP, un 20% de los vascos apuestan por la independencia. Pero esta hay que ganarla democráticamente, nunca con la violencia.
En Canarias ganó el PP, con más votos pero con el mismo número de diputados que Coalición Canaria, por lo que se antoja un futuro incierto. El gran perdedor fue, otra vez, el PSOE, que perdió la mitad de sus diputados, y ahora “deshoja la rosa” por Paulino o por Soria. Este último no merece ni ser chófer de un director general después de la espantada de hace año y medio. Soria se aprovecha de la oleada nacional del PP, pero sabe que si no gobierna su futuro estará en Madrid ¿En qué ministerio? Seguirá los pasos
de su gran amigo Juan Francisco López Aguilar. ¡Qué dos!
El Cabildo de Tenerife se debate entre un gobierno CC-PP o CC-PSOE, con Ricardo Melchior de presidente y con la cabeza del senador Yeyo Abreu en bandeja de plata.
Para presidir el Ayuntamiento de Santa Cruz los aspirantes son tres: Cristi Tavío, José Manuel Bermúdez y Julio Pérez. Una vez más, y ya es escandaloso, el protagonista fue el altísimo índice de abstención, superior al 43% y más de 4.600 votos nulos y blancos. Cualquiera de los candidatos mencionados puede ser alcalde con el apoyo de menos del 15% de los ciudadanos mayores de dieciocho años. ¿Qué legitimidad tienen? Si de mi dependiera no tomaba posesión del cargo el próximo sábado 11 de junio.
Papanata de estas semanas es sin duda alguna Zapatero que ha sentenciado: “Alfredo es el candidato natural y único del PSOE”. Como padrino está bien, como futurólogo tengo mis dudas.