REFLEXIONES EN LA ARENA LX
LA REVOLUCIÓN LIBIA Y EL ESTADO DE LA NACIONALIDAD
Gadafi ha gobernado Libia con mano de hierro durante 42 años, sin parlamento ni constitución. Es el dictador que más tiempo ha permanecido en el poder en África y en Oriente Medio. Libia no admite periodistas extranjeros, y el gobierno ha bloqueado el acceso a Internet y a las redes sociales en un intento de ocultar la violencia brutal contra sus ciudadanos. Sin embargo, los manifestantes, que exigen un cambio de régimen y la protección de sus derechos básicos, se han convertido en canales de información y a través de ellos sabemos que miles de personas continúan saliendo a la calle para protestar, a pesar de que cientos ya han sido masacrados.
Horrorizados por las atrocidades, diplomáticos libios y algunos altos mandos del ejército ya han desertado, dando la espalda al régimen. Tanto el Consejo de Seguridad de la ONU como la Unión Europea han exigido el cese inmediato de la violencia y han acordado sanciones económicas y comerciales y han lanzado amenazas de intervención militar.
La sangrienta represión de la población civil llevada a cabo, principalmente, por la policía ha provocado cientos de muertos, hay que condenarla sin paliativos, de la misma forma que hay que denunciar los intentos de injerencia de las potencias occidentales en la región, principalmente Estados Unidos, que ya ha desplazado hasta la zona su Quinta Flota, operativa en el Mediterráneo. Un ejemplo claro es que los 27 Estados miembros de la Unión Europea se encontraban negociando un acuerdo comercial con Libia. Sin embargo, la Unión Europea no se planteó en ningún momento anular los acuerdos con Egipto, a pesar de los más de 300 muertos entre los manifestantes, y sigue manteniendo relaciones privilegiadas con estados como Marruecos o Israel, pese a sus constantes atropellos contra los pueblos saharauis y palestino, respectivamente.
Frente a las movilizaciones populares y los procesos de democratización que se están produciendo en los países árabes y que han llevado a la caída de los regímenes de Mubarak y de Ben Alí, ha sido lamentable el papel de la UE y en particular del Gobierno de España en relación a Marruecos.
La pasada semana miles de marroquíes también salieron a la calle para exigir sus legítimos derechos políticos y sociales y el fin de la figura feudal del Rey de Marruecos y de su régimen corrupto y represor. Frente a estas reivindicaciones populares se impone la criminalización de estos manifestantes llevada a cabo por el gobierno marroquí y la credibilidad y respaldo que el gobierno de España y la Unión Europea concede a las tesis e intereses de Marruecos.
El cinismo de la Unión Europea es escandaloso: por un lado afirma respaldar las reivindicaciones democráticas de los pueblos árabes, al mismo
tiempo anuncia un aumento de hasta 200 millones de euros anuales del fondo de ayuda a Marruecos, financiando directamente a este régimen autocrático e ilegítimo, y además de autorizar la prolongación del Acuerdo de Pesca que incluye las aguas territoriales del Sahara Occidental, pendiente de descolonización. Sin lugar a dudas, en materia de derechos humanos y de política exterior, la Unión Europea tiene una doble vara de medir.
Mientras tanto, donde prendió la mecha de las revueltas populares, en Túnez, sigue la sangría de deserciones. Ministros y altos cargos del anterior régimen de Ben Alí dimiten ante la lentitud de la transición democrática. Incluso hasta dimitió la Ministra de Asuntos Exteriores de Francia, que durante la crisis tunecina estuvo de vacaciones en ese país, antigua colonia francesa.
Otro país que anda revuelto, es Bahrein, donde las revueltas populares en petición de democracia y de justicia social, han provocado la suspensión de la primera prueba del Mundial de Automovilismo. Las monarquías árabes del Golfo Pérsico también están en alerta, la población ya no aguanta más años de gobiernos absolutos, de riqueza petrolera en manos de jeques multimillonarios adulados por las democracias europeas.
La revuelta popular también se acerca a países de Oriente Medio. La monarquía absolutista de Jordania, también ha sido escenario de masivas manifestaciones populares, que han puesto en jaque al Rey Abdalá II. En definitiva, el mundo árabe, que se rige por un calendario distinto al occidental, quiere ponerse al día alcanzando cotas de progreso social y económico hasta ahora solo reservadas a los países ricos.
La pasada semana se celebró el llamado Debate sobre el Estado de la Nacionalidad Canaria. Cada año más de lo mismo, el gobierno tratando de
pintar un cuadro idílico y la oposición un cuadro de nubarrones. He de confesar que hace años que no lo sigo directamente, solo me limito a leer algunas informaciones y comentarios.
Paulino Rivero, el aún Presidente de Canarias, sigue subido en una nube, perdón en el helicóptero, que le impide ver la realidad: el 30% de la población activa está en paro; el nivel de pobreza se acerca al 40% de la población; estamos en cabeza del fracaso escolar; las listas de espera en la sanidad no mejoran, etc. El PP en su ofensiva, empujado por las encuestas, se olvida que es responsable de esta situación, se olvida que ha cogobernado Canarias desde 1993. Y el PSOE, dividido orgánicamente, perdió la oportunidad de ser alternativa de gobierno el mismo día que su “piquito de loro”, Juan Francisco López Aguilar, se mandó a mudar primero para Madrid y luego para Bruselas, dejando a sus compañeros y a los canarios con el culo al aire.
Papanata de la Semana, Cristina Tavío, candidata del PP a la Alcaldía de Santa Cruz, que promete “rebajar un 50% los impuestos a los autónomos y a los pequeños y medianos empresarios”. Olvida esta muchacha que durante ocho años ha cogobernado con CC. Repelús, repelús tiempo ha tenido.