Ramón Álvarez Braun; un hombre bueno
Eligio Hernández.- El pasado viernes un grupo de socialistas y amigos de
Ramón le tributamos un homenaje con motivo de su jubilación. En las palabras que pronuncié en el acto dije que, como Pablo Iglesias, “su voz tenía el timbre inconfundible de la verdad humana”, que, como a Julián Besteiro, lo consideraba una especie de santo laico, y que para mí, al considerarse y comportarse como hermano de sus semejantes, era un símbolo de la fraternidad humana, y, por ello, de la desgraciadamente periclitada fraternidad socialista. Al oírle en su intervención al final del acto me di cuenta de que no había exagerado. Su voz profunda y seria, su rostro de hombre machadianamente bueno, con barba krausista, y sus palabras, que conformaron un discurso de los que hacen época, eran la fiel expresión de la honestidad intelectual y de la honradez humana.
Evocó, entre otras facetas de su vida personal y profesional, su etapa como director general en la Consejería de Educación ejemplarmente dirigida por Balbuena bajo el gobierno de Jerónimo Saavedra, que realizó la que sin duda ha sido la tarea política más fructífera y positiva desde que se instaurara el autogobierno en Canarias. En un momento de su discurso, Ramón dijo que cuando visitaba las obras escolares, “el pueblo estaba con nosotros”, y se preguntó conmovido y conmoviendo a los que le
escuchábamos: ¿qué nos está pasando ahora? Sabiamente no contestó la pregunta hecha para que reflexionáramos seriamente. Para mis adentros la contesté que, entre otras cosas, nos ha pasado:-que hemos hecho de la política una actividad profesional y no un servicio abnegado, sacrificado, y noble al pueblo. No hemos formado a nuestros militantes, la mayoría de los cuales desconocen la historia más que centenaria de nuestro partido, y la lucha gloriosa, con luces y sombras, que ha protagonizado, con sacrificios y sangre, en la España contemporánea.-que el aparato del partido socialista, como el de todos los partidos, constituido, como ha escrito Alejandro Nieto, por el líder, los varones y los burócratas, se ha oligarquizado, y le tiene miedo a la libertad y a la razón, al no institucionalizar las primarias para la elección de todos los cargos orgánicos y de gobierno, lo que le ha alejado sustancialmente de los militantes de base y mucho más de los electores que siguen al partido.
-Que no vivimos con el ejemplo como socialistas, austera y honradamente, no somos solidarios con los más débiles, y no paliamos el dolor de nuestros semejantes, ni limitamos el tiempo para el desempeño de cargos orgánicos y públicos, en lo que se eternizan y esclerotizan nuestros compañeros. -que no trabajamos por integrar una izquierda fraccionada en capillitas egoístas, y apoyamos una actividad sindical dividida, subvencionada y burocratizada, que ha dejado a los trabajadores al albur explotador del neoliberalismo, contentándose con las migajas. -que nos hemos convertido al becerro de oro, hemos perdido nuestras convicciones ideológicas de tal manera que apenas no diferenciamos de la derecha política y de la derecha de los intereses, y hemos olvidado, como nos dijo el Quijote, que el único camino, caminado ejemplarmente por Ramón Álvarez Braun, que tiene el hombre humilde, para convertirse en caballero, es el de la virtud. -que no hemos practicado el consejo, estereotipado en nuestro carnet de militante,
que Pablo Iglesias nos legó: “sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas, ni para recrearnos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes”.
Mientras oía conmovido a Ramón, volví a añorar con dolor, tristeza y nostalgia, las palabras pronunciadas por don Benito Pérez Galdós cuando era presidente en 1912 de la Conjunción republicano-socialista: “Pablo Iglesias y su Partido son lo único serio, disciplinado, admirable, que hay en la España Política…! ¡Es por el socialismo por donde llega la aurora! Y por el ejemplo como el de Ramón, comenté con el hombre que siempre va conmigo, como se autorretrató A. Machado.