¿Qué es el deporte?
www.terceraopinion.net .-Esta mañana se ha celebrado el I Maratón Ciudad de Castellón. La verdad es que me hubiese gustado participar tal y como ya
hice años atrás en la Media Maratón, pero como no he entrenado lo suficiente me ha tocado estar en el otro lado: animando la carrera.
A lo largo de todo el recorrido, más de 35.000 espectadores según fuentes de la Policía Local -100.000 según los sindicatos-, han estado arropando a los participantes, aplaudiéndoles, gritándoles… Pero ha sido en la recta final a meta donde se agolpaba el mayor número de espectadores.
Allí, los más de 2.400 participantes, personas como usted y como yo, han ido llegando de forma continua. Sus rostros expresaban todo tipo de emociones: unos simplemente lloraban mientras levantaban los brazos, otros gritaban de alegría, otros miraban el crono y sonreían, algunos aceleraban el ritmo para arañar unos segundos al reloj y otros llegaban andando porque su cuerpo, o quizás su mente, ya no respondía.
Alguno de ellos, metros antes de finalizar, cogían a sus niños de la mano para cruzar juntos la meta. Otros se detenían unos instantes para besar a sus parejas o para abrazar a esos familiares, amigos o conocidos que se han acercado a darles ánimos.
Todos ellos han estado durante meses sacando tiempo de donde no lo había e intentado compaginar trabajo, familia y deporte. Cada mañana, cuando me voy a trabajar a eso de las 7:30, me cruzo con corredores que, abrigados hasta el cuello y con un frontal para poder ver por donde pisan, se entrenan simplemente por el placer de hacerlo.
Cada fin de semana usted podrá ver a miles de ciclistas que madrugan para hacerse unos kilómetros y después recuperar fuerzas con un buen almuerzo; o personas que salen a correr por la montaña; o a grupos de amigos que se juntan para hacer un partidillo de fútbol o baloncesto y después se van de comida…
Eso, amigos, es deporte. El resto, pueden llamarlo espectáculo.
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P.D.: De todo lo vivido hoy, me quedo con la cara de esos niños y niñas que miraban embobados cómo los corredores cruzaban agotados la meta ante sus ojos.
Esas caras que reflejaban orgullo, admiración y cariño, son las mismas que mañana contarán en el colegio cómo su mamá o papá, abuelo o prima estuvieron corriendo durante 4 horas por la ciudad y llegaron a la meta como auténticos héroes.
¿Verdad que estropear ese recuerdo sería imperdonable? Ya me entienden.