El Parque de San Agustín: reflexión después de su inauguración.
Siempre hay que congratularse por la apertura de un nuevo espacio público, uno más que sumar a la siempre escasa nómina de opciones a disposición de la ciudadanía. La reciente apertura del Parque de San Agustín entraría dentro de esta categoría. El barrio de San Agustín vivió a partir de los años 70 del pasado siglo un crecimiento desaforado y sin una planificación mínimamente racional. Los escasos espacios públicos quedaron ahogados por el ansia edificatoria con una volumetría desmesurada. Enmendar en la medida de lo posible este desaguisado es una tarea ciertamente compleja. La corporación municipal tomó en su día una decisión desafortunada como fue la de convertir la antigua plaza del Mencey Bencomo en el actual adefesio que para más bochorno lleva cerrado al público sin visos de que sus muchos problemas terminen de solucionarse. Frente a este monumento a la incompetencia se levanta ahora el flamante Parque de San Agustín. Después de las loas de unos y otros propias de toda inauguración viene el momento de realizar un pequeños análisis de este “regalo” que el ayuntamiento ha tenido a bien conceder al barrio.
Lo primero que llama la atención del Parque es su entrada. La primera visión que tiene el visitante es la trasera de la futura cafetería del recinto. Todo un muro de madera que impide por completo la visión de aquello que se pretende visitar. Desde luego, el gusto de la corporación y de los diseñadores por los mamotretos resulta ya patológico. Esta cafetería, sin duda un futuro elemento de dinamismo, habría estado mucho mejor situada en el lado de naciente, donde las traseras de las casas no son un referente al buen gusto precisamente. Y es que la ubicación del parque merece también un comentario. A nadie escapa que su situación en el cauce de un barranco, por muy canalizado que esté, constituye un peligro potencial. Ya pudimos observar, en la riada del pasado mes de noviembre, las consecuencias de construir sobre los desagües naturales. El hombre es el único animal que hierra una y mil veces. ¿Por qué un parque aquí? Porque es el único sitio donde no pueden construirse más edificios. Esta es la compensación por la edificación de toda la parcela hasta la carretera general. Seguimos perdiendo suelo fértil, seguimos convirtiendo este pueblo en una ciudad dormitorio, a cambio de unas parcelas a la que llaman 'parque'.
Un parque, en cualquier caso, lo hace en gran parte la arboleda. Esta da sombra, proporciona frescor y protege de los elementos. Esto lo sabe cualquiera menos los que siguen apostando por la vegetación de poco porte. Cuando el parque madure, y si la previsible falta de mantenimiento no lo impide, la vegetación que está plantada apenas proporcionará cobijo a los usuarios. Este es uno de los motivos, por ejemplo, del poco uso de la plaza de San Agustín. No habría estado mal, por otra parte, que la apertura del parque hubiera venido acompañado de un plan de rehabilitación de la zona. Si se le echa un vistazo al entorno cualquier visitante, no residente, por ejemplo, tiene pocos motivos para visitar el parque, al contrario de las plazas del casco de La Orotava y ya no digamos de la Plaza del Charco o del Taoro (¿por qué no podemos
optar a un parque de este estilo?) Esto habría que tenerlo en cuenta si se quiere que el Parque sea también un foco de atracción de la zona, tan alicaído como siempre, a pesar de ser una flamante zona comercial abierta.
Habría muchos otros detalles que comentar. Esperamos que se tenga previsto un plan de mantenimiento. Si no ya sabemos el aspecto que tendrá el parque dentro de unos meses (el mismo que el desdichado parque del Realejo Bajo o que muchas instalaciones deportivas del municipio). Hay cuestiones de seguridad que están sin terminar: vallado, señalización, iluminación, condiciones de uso, etc. Esperemos que, una vez inaugurado, este recinto no caiga en el olvido y que no sea a costa de otras muchas cuestiones que aún quedan pendientes: la casa de Agustín Espinosa, el Teatro Cine, el Colegio San Agustín, la falta de equipamiento socio-cultural, etc. ¡Ah! ¡Y la no menos importante participación ciudadana!