Alcalde censura; el último alcalde franquista en el Puerto de la Cruz
JUAN HENRÍQUEZ
No les resultará muy difícil averiguar el personaje que hace honor al titular. El individuo en cuestión fue el último alcalde franquista en el Puerto de la Cruz, hasta la llegada en 1979 del socialista, amigo y compañero, Francisco Afonso (q.e.p.d.). Sólo en una ocasión, de las seis veces que se presentó como candidato por Coalición Canaria, que han sido todas desde que se instauró la democracia, ganó las elecciones locales en minoría en el año 2003, el resto de las ocasiones que recibió el bastón de mando de la primera autoridad portuense, verdad es que dentro de la legalidad, fue utilizando todo tipo de artimañas y cabriolas políticas. Esta eminencia responde al nombre de Marcos Brito. Desde la distancia, llevado por los titulares que este señor ofrece cada día a los medios de comunicación, lo que más irritación me produce es que no se contenta con tomarle el pelo a los portuenses, que a la vista del respaldo electoral que tiene son bastante complacientes con el susodicho, sino que, además, intente reírse de todos los tinerfeños. Sin ir más lejos, el otro día le escuché decir que de todos los votos de censura por los que accedió a la alcaldía, del que más se arrepentía era el que le puso a Salvador García
Llanos, socialista a quien le tengo gran estima, a tan solo 28 días de haber sido elegido alcalde. Que me cuenten la película como quieran, pero mira que hay que ser cínico y cara dura, para reconocer públicamente que a él lo que le interesaba en aquel momento era el poder, a lo que un servidor añade: es que sin el poder no sabe vivir.
Fíjense lo siniestro y habilidoso que es el individuo, que se propuso romper el pacto entre el PSOE (Dolores Padrón) y Partido Popular (Eva Navarro), y finalmente lo consiguió. Y no sólo eso, se metió en las tripas de los conservadores portuenses y logró desplazar a la impopular y aprovechada Eva Navarro, logrando que dimitiera como concejal. ¡Más difícil todavía!, influyó en el PP local para que se quitaran de encima a la ínclita Eva
Navarro, para así tener el camino despejado para presentar otro voto de censura contra la alcaldesa Dolores Padrón. En esta ocasión el perverso, políticamente hablando, Marcos Brito, que había agotado todos los epítetos en los votos de censura anteriores, sin pudor y un rostro de cemento armado, no se le ocurre otro argumento sino el de recoger un "clamor popular" para censurar a los socialistas en el gobierno municipal. ¡Esto es mucho, tío! Por supuesto que el personaje es digno de ser estudiado por sicólogos; lo mismo nos encontramos con alguna que otra sorpresa, sin lugar a dudas muy desagradables. Este tipo de comportamiento individual y sectario me recuerda a la Alemania hitleriana.
De hecho, el personaje llamado Marcos Brito, o piensa, o se cree, un virrey con mando en plaza en el Puerto de la Cruz. Pasado mañana volverá el personaje al poder local: ¿están seguros los portuenses que el papel de político destructor que desempeña Marcos Brito es fruto de la casualidad, o detrás de ese comportamiento hay toda una premeditada intención de frenar el avance económico, social y cultural del Puerto de la Cruz? ¡Despertad, portuenses!