El Puerto de la Cruz

Publicado en por ME QUEDO BOBA

 

Moisés Álvarez   

 

El bello municipio norteño del Puerto de la Cruz ya no es el municipio del Puerto de la Cruz; es sólo el municipio de Puerto de la Cruz. Esa "l" perdida en virtud o defecto de los sucesivos gabinetes de comunicación de la ciudad se ha llevado consigo cosas más importantes. Aún recuerdo bien las muchas chanclas con calcetines blancos que, orgullosos, lucían los miles de británicos y alemanes que paseaban por el paseo de San Telmo o el muelle pesquero.

 

Poco a poco, la capital turística del archipiélago ha ido perdiendo chanclas y calcetines blancos. Los rostros enrojecidos y casi siempre amables de los turistas han desaparecido. Hoy, el Puerto es un municipio estancado entre muros de hace tres o cuatro décadas y entre representantes políticos de capacidad, cuanto menos, limitada y, aún peor, interesada. Todos, porque en (el) Puerto de la Cruz han gobernado todos y todos han mostrado su incapacidad, sus dotes para el enchufismo y sus miserias.


Capítulos como el de la legislatura pasada, con Eva Navarro y Marcos Brito denigrando a toda una ciudadanía, dan ahora paso a un gobierno al que le importa más el Festival Inspiración (creo que así se llama) que resolver los problemas del agua que sufren muchos de sus ciudadanos. Y vuelta a empezar, porque aquéllos quieren ahora ser éstos, articular una moción de censura y arramblar con los enseres de los despachos municipales. En la práctica, un mero cambio de cromos: un cromo repetido por otro cromo también repetido.


Entre medias, el Puerto sigue como siempre (salvo por la "l" perdida). Mucho me temo que el Plan "E" no alcanzará a construir unos aparcamientos decentes, que sirvan para aparcar, aunque sea necesario rodar un pelín la zona de botellón. Mucho me temo que la remodelación de la planta hotelera será, en la práctica, una mano de pintura a las fachadas. Mucho me temo que la trasera del campo de fútbol de El Peñón seguirá tan llena de mierda como siempre. Mucho me temo que los turistas (los que quedan) seguirán corriendo el peligro de caer al mar cuando paseen por el rompeolas. Mucho me temo que, a este ritmo, los vecinos de La Vera seguirán sin agua tres meses más. Mucho me temo que aquí nada cambia.

Durante el invierno, el trajín no deja abrir del todo los ojos. Pero es en verano cuando uno echa de menos las chanclas y los calcetines blancos.

 

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