Greenpeace incluye varios productos de las cadenas de supermercados canarias, Hiperdino e Hipertrébol, en su guía roja de transgénicos

Publicado en por ME QUEDO BOBA

 

La PCLT critica que el Gobierno regional incumpla la declaración de las Islas como zona libre de este tipo de cultivos

SONIA GALDÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE Greenpeace ha incluido, este mes, varios productos de dos cadenas de supermercados canarias, Hiperdino e Hipertrébol, en su guía roja de transgénicos. Las Islas ya estaban en la lista por otros dos productos de empresas locales, aunque el Archipiélago no debería producirlos ya que es zona libre de transgénicos desde el año 2008 –declarada como tal por el Gobierno regional–, un hecho que la Plataforma canaria contra estos alimentos modificados genéticamente no ve muy claro y acusa a la Administración de no hacer nada para cumplir este acuerdo y evitar su cultivo.

Así, según la última actualización de la Guía Roja y Verde de Greenpeace, aparecen –refiriéndose a todos los productos de cada marca– superSol, de Hiperdino y perteneciente a la compañía Dinosol, así como Mar-Terra, habitual en Hipertrébol y perteneciente al grupo Jesuman.

En el caso de superSol, se hace referencia especial al bizcochón de pasas Panadería tradicional, mientras que en el de Mar-Terra, al keke de pasas, aunque los dos señalan en las etiquetas que contienen alimentos manipulados genéticamente, como establece la normativa europea y con la finalidad de que el ciudadano pueda decidir si los consume o no con tranquilidad.

Las dos marcas de las Islas, que entraron en esta lista nacional a principios del mes de agosto, se suman a otros productos del Archipiélago que ya aparecían en el informe de Greenpeace, como son el bizcochón La abuelita de Canarias, de Dulcería Cande, y la lecitina de soja de la marca Comeztier.

Hay que tener en cuenta que Canarias forma parte de los territorios libres de organismos modificados genéticamente, tras el acuerdo del Consejo de Gobierno de Canarias del 25 de marzo de 2008, un documento que no incluye la importación de alimentos y sólo se refiere al cultivo de semillas de estas características. La declaración fue impulsada por la Plataforma Canarias Libre de Transgénicos (PCLT), que está integrada por colectivos agrarios (Agate y COAG), alimentarios (El puesto ecológico, la red canaria de semillas y la asociación de mercadillos de Tenerife) o ecologistas, como Ben Magec.

Casi un año y medio después de este acuerdo, el portavoz de la Plataforma, Pablo Vázquez, criticó que "el Gobierno de Canarias no está haciendo absolutamente nada para cumplir esa declaración de intenciones y para evitar la siembra de transgénicos en las Islas". Por este motivo, valoró que "se pueden estar realizando, porque no se lleva un control de las semillas que entran ni de si se están realizando ensayos encubiertos".

Vázquez también aclaró que las pretensiones de este colectivo no se limitaban a que Canarias fuera una zona libre de cultivos, pero no es tan fácil ponerle barreras al mercado. De hecho "se sabe que existen aceites de semillas, galletas y otros productos con soja transgénica.

Rechazo en las Islas. Además del pronunciamiento regional, la oposición a los transgénicos es muy evidente en Canarias, donde hay 14 municipios declarados libres de estos productos, la mayor parte de Tenerife, junto al Cabildo de Lanzarote.

La producción y el desarrollo frente a un atentado ambiental

El debate sobre los beneficios y los riesgos de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) continúa abierto. y las posturas son extremas Así, los defensores de esta biotecnología sostienen que desarrolla más y mejores alimentos, por lo que ayudará a alimentar a millones de personas que hoy pasan hambre en el mundo, así como que proporciona resistencia de los cultivos a las plagas y la reducción del uso de los pesticidas químicos. Otra de las afirmaciones de los partidarios de los transgénicos, el uso de los alimentos modificados para servir como medicamentos, nunca se ha llevado a cabo –lo cierto es que las creaciones tienen, en gran medida, un fin productivo–, aunque esta semana, la Unión Europea ha abierto esta nueva posibilidad con la publicación de una guía específica, en la que se estipulan las normas de seguridad para aquellas empresas que decidan lanzarse a fabricar los denominados medicalimentos. El documento sólo tiene carácter asesor, ya que serán la Comisión Europea y los estados miembros los que den el visto bueno final a estos cultivos. Sin embargo, la oposición ciudadana a los transgénicos crece cada día en el mundo occidental. Así, los detractores de los Organismos Modificados Genéticamente sostienen que aún es pronto para conocer las consecuencias que estos alimentos tienen en la salud, pero hay estudios que apuntan a la aparición de alergias, a un agravamiento de la resistencia a los antibióticos por algunos microorganismos patógenos o al efecto de acumulación de plaguicidas empleados sobre los cultivos transgénicos. Asimismo, destacan la contaminación química medioambiental, el desarrollo de resistencias en insectos y malas hierbas, así como la contaminación genética en especies similares y no transgénicas –todo ello con su impacto sobre plantas silvestres, insectos beneficiosos, la microflora y microfauna, el suelo–. A su vez, critican que el verdadero interés no es tan altruista y recuerdan que el hambre en el mundo no es un problema de alimentos, que "sobran", sino de una distribución injusta. Además, señalan que las empresas que centralizan la producción de semillas transgénicas –patentadas– también lo hacen de los productos agroquímicos necesarios, por lo que cinco multinacionales concentran todo este poder. Precisamente Greenpeace es uno de los mayores detractores internaciones de los transgénicos. Este colectivo apunta a los peligros sanitarios a largo plazo de los OMG que, considera, no se están evaluando correctamente y que su alcance sigue siendo desconocido, así como que "nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos y efectos inesperados son algunos de los riesgos". De momento los únicos transgénicos que están autorizados para consumo en la Unión Europea son determinadas variedades de maíz –aunque no se autoriza el BT, que tiene una toxina mortal para algunos insectos, procedente de una bacteria– y de soja, unas plantas que presentan tolerancia a los herbicidas. El portavoz de la Plataforma Canarias Libre de Transgénicos, Pablo Vázquez, aseguró que el maíz modificado no se puede producir en Europa para la alimentación humana, sólo las variedades para el consumo animal, "lo que demuestra que tienen cierta preocupación en el daño a los ciudadanos". A estos productos, se suma ahora la apertura a la investigación de los medicalimentos.
S. Galdón

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Etiquetado en ECOLOGIA

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