No tenga la deferencia de advertir que ese acto no es de revancha. Primero, porque, sencillamente, no lo es y, en segundo lugar, porque los destinatarios de la advertencia no se lo merecen

Publicado en por ME QUEDO BOBA

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • GERARDO RIVAS

Carta abierta a la portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia


Estimada Araceli Calvo: gracias a la labor desarrollada por su asociación, el pasado sábado en el pequeño pueblo palentino de Torquemada se ha homenajeado y enterrado con casi 73 años de retraso a 27 de sus vecinos. Era el mes de octubre de 1936 cuando estas personas fueron sacadas de sus casas y fusiladas. No hay razones que expliquen esta masacre. Sencilla y fatídicamente los españoles volvíamos a enfrentarnos en una guerra cainita y nos matábamos los unos a los otros.

Usted, como portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia, subrayó en el acto de homenaje que “esto no es un acto de revancha, ni va contra nadie, sólo es un homenaje a 27 personas de Torquemada que no hicieron nada malo y murieron sólo porque les importaba lo que pasaba en su pueblo”.

Cuando después de 73 años se consigue, por fin, exhumar los restos de estas personas que fueron asesinadas y sepultadas en una fosa común, y ocurre que usted se ve en la necesidad de decir que el homenaje que se les tributa “no es un acto de revancha, ni va contra nadie”, significa que alguien puede interpretarlo de esta forma. Y no le falta razón Araceli.

La derechona de aquella época provocó la guerra y consiguió el apoyo de unos militares que se sublevaron contra quienes tenían la obligación de defender. Al término de la cruel contienda, las víctimas de los “vencedores” tuvieron el reconocimiento del nuevo orden impuesto por la fuerzas sublevadas.

Pero las otras víctimas, las de los “perdedores”, las que fueron durante demasiado tiempo demonizadas por aquel régimen y por la sociedad que lo amparaba, han tenido que esperar siete largas décadas para conseguirlo y, aún ahora, a la derechona de hoy, la de siempre, le parece que estos desagravios significan “abrir heridas cerradas por la transición política”. ¡Como si unos acuerdos políticos pudiesen acabar con el sufrimiento por la pérdida, el olvido y la ausencia de reconocimiento de unos seres queridos que habían sido leales a una noble causa y la defendieron a costa de sus propias vidas!

El motivo de mi carta es la de agradecer pública y profundamente a su asociación la ingente e importantísima labor que están realizando. Cada resto que exhuman, homenajean y dignamente entierran es un acto de justicia, una herida no cerrada que deja de manar por el corazón de sus seres queridos y supone para todos una mirada más limpia hacia el futuro.

Y por último, Araceli, quisiera hacerle un ruego.
En el próximo homenaje a las víctimas no tenga la deferencia de advertir que ese acto no es de revancha. Primero, porque, sencillamente, no lo es y, en segundo lugar, porque los destinatarios de la advertencia no se lo merecen
Gerardo Rivas Rico es Licenciado en Ciencias Económicas

 

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Etiquetado en MEMORIA HISTORICA

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