"Tenía una casa preciosa y sólo queda una ruina"

Publicado en por ME QUEDO BOBA

Ayoze García. Las Palmas de Gran Canaria

Hace dos años, el gran incendio de Gran Canaria arruinó la vida de muchas personas. Paloma de Montemayor es una de ellas. Esta mujer, cuya finca en el Barranco de Soria quedó dañada a causa del fuego, ha luchado "en solitario" para reconstruir su vivienda, una casa de casi 300 años de antigüedad que no figura en el ordenamiento municipal.

Algo ha conseguido. Después de haber recorrido la isla en una caminata reivindicativa, y de haber acampado frente a la sede de Presidencia del Gobierno de Canarias, afirma que las autoridades autonómicas le han pagado ya la mitad de los gastos para las obras en su casa. Sin embargo, no ha encontrado más que problemas al ir a llamar a las puertas del Estado, que supuestamente debía sufragar el otro 50%.

"En mayo escribí a la delegada del Gobierno, Carolina Darias, y le pregunté por los trámites para las ayudas: cuando me respondió me dijo que acababa de llamar a Madrid para ver cuáles eran". Paloma asegura que se quedó "en estado de shock", porque pensaba que esas ayudas "ya estarían más que solicitadas".

 

 

Desde entonces, no ha obtenido respuesta: "Cuando fui a la Delegación del Gobierno, no sabían de qué estaba hablando, me dijeron que era la primera persona que preguntaba por la reconstrucción de la vivienda". A su juicio, esta falta de información demuestra la "desfachatez" de las administraciones públicas, que puede ser que no quieran "responsabilizarse" de las ayudas, recogidas en un decreto estatal.

Peligro de abandono

Paloma ya ha comenzado las obras ("con lo que me ha costado encontrar a los trabajadores", se lamenta), pero se enfrenta a la perspectiva de no poder terminar la reconstrucción por falta de dinero. Entonces no tendría más remedio que "abandonar la casa y que se venga abajo".

La vivienda se encuentra aislada, hasta el punto de que llevar los materiales hasta la zona resulta una verdadera odisea. El sendero "es de difícil acceso", y quedan cinco toneladas pendientes de traslado, con vigas de 100 kilos de peso.

Por ese motivo llegó a pedir a la Delegación del Gobierno y al Ministerio de Defensa que el Ejército le echara una mano: "Me contestaron que el transporte aéreo militar no puede emplearse para usos particulares, sino solamente para colaboración ciudadana, catástrofes excepcionales y emergencias".

Paloma sostiene que el incendio de 2007 fue precisamente "una catástrofe excepcional". Reivindica que lo suyo "no es un caprichito: tenía una casa preciosa y antigua de tea, y ahora tengo una ruina".

Si todo va bien, espera tener terminar las obras "para el próximo invierno", y mientras tanto, vive en Arucas gracias a la ayuda al alquiler para los afectados.

"Hay muchos almendros muertos, aunque la mayoría de pinos se han recuperado". Después de tanto tiempo, su finca "está poniéndose otra vez verde", aunque ha perdido varias de las hierbas medicinales con las que elaboraba aceites para masajes como parte de su trabajo. "En eso también he salido perdiendo", suspira.

         "No han pedido perdón"

Preguntada sobre el peligro de incendios en este verano de altas temperaturas, Paloma de Montemayor asegura que "esta vez parece que se han preparado mejor las cosas que el año pasado". Eso sí, "nunca se sabe si aparecerá algún sinvergüenza con ganas de montar un numerito".

En contra de lo que cabría esperar, Paloma no guarda especial rencor contra el pirómano Juan Antonio Navarro: "Cometió un error muy gordo, pero está arrepentido y me da mucha pena".

"Tengo clarísimo que
quien quemó mi casa no fue él, sino quien impidió que se apagara el incendio", recalca no obstante. Ese "responsable real", asegura, "ni está sentado en el banquillo ni ha pedido perdón".

Para Paloma de Montemayor, la estrategia que se siguió fue errónea. "No digo que tuvieran que dejarnos a todos en nuestras casas esperando a quemarnos vivos", aclara, pero cree que estuvo en manos de los operativos antiincendios sofocar el fuego mucho antes "y no se hizo". Aunque reconoce que "no hay pruebas", considera evidente que entre otros fallos se subestimó la fuerza de propagación de las llamas que pueden tener los vientos alisios.

Y una última crítica: "La forma en que desde el Cabildo de Gran Canaria se está llevando la relación con las personas que viven en el monte es egoísta, ni siquiera se les pasa por la imaginación ayudar en lo más mínimo".  
  

 

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