¿DARTE DE BAJA?..... ¡¡¡¡ni muerto!!!!

Publicado en por ME QUEDO BOBA

JUNTOS PARA LA ETERNIDAD
Cuando una empresa de telefonía móvil te convence para que hagas un contrato debes tener presente que es para toda la vida. Mejor dicho, para toda la eternidad porque, al contrario que los matrimonios, a ti y a tu móvil no los va a separar ni la muerte. Los comerciales te seducen con voz meliflua, te tientan con móviles de última generación sin coste alguno, te encandilan con el programa de puntos canjeables por más teléfonos móviles; mientras llevan a cabo su pérfida acción van poniendo sobre la mesa las armas diabólicas con las que piensan hacerse con tu alma y finalmente, rendida y consumista, compulsiva e ignorante estampas tu firma en el contrato con la compañía. Ya estás sentenciada. De por vida. Y después de muerta.

Luego, los puntos no se corresponden nunca con la pasta gansa que una se deja hablando con los colegas y las amigas por el móvil. Cuando ya consigues los puntos suficientes para canjearlos por el último modelo, tienes que abonar alguna cantidad de penalización por el tramo de llamada; o no puedes canjearlos porque estás en los “días azules”, que viene a ser como una menstruación telefónica; o el modelo está agotado. O apagado. O fuera de cobertura.
Cuando ya llevas unos cuantos años de insatisfacción puntuable, no terminas de ver claro lo de las ofertas tarifarias y empiezas a tomar conciencia de que estás siendo objeto de un timo a gran escala que se perpetúa en el tiempo y en tu cuenta corriente, decides darte de baja y pasarte a otra compañía. Aquí y en ese momento, empieza el calvario. Pierdes tres llamadas de teléfono y su correspondiente factura en discutir amablemente con un operador entrenado en: a) no hacer nada de lo que le pidas, b) no molestarse por tus insultos, ni tus improperios, ni tus salidas de tono, c) mantenerte entretenida al otro lado de la línea y d) hacerte ofertas comerciales de nuevos móviles. Esta última táctica suele ser infalible: es el momento en que uno, preso de un ataque de histeria, cuelga.
A partir de ese momento se opta por la ofensiva legal. Burofax oficial con acuse de recibo, dos testigos, un notario, un abogado y el dueño de la frutería que jurarán que tú no quieres seguir con ese móvil. Como contaban los genios de Les Luthiers: era una mujer atada a su pasado. ¡Suéltame, pasado! Pero ni el pasado la soltaba ni el móvil quiere dejarte ahora.
La siguiente estrategia es la económica. Sencilla pero ineficaz, a la par que peligrosa. Se notifica al banco que deje de pagar los recibos y el banco obedece. Al mes siguiente una comprueba, con satisfacción, que Movistar no ha logrado cargarle en cuenta los nueve euros de mantenimiento de la línea, a pesar de que es la compañía la que se empeña en mantenerla. La sonrisa bobalicona se te borra de golpe cuando recibes la notificación de que te han denunciado por morosa y vuelven a cargarte en cuenta los nueve euros de mantenimiento más los intereses de “enteradita” y el recargo de “¿creías que ibas a liquidarnos?”.
Finalmente tomas la única y drástica decisión posible. Te mueres. Tu hijo, aleccionado desde la tumba, llama a Movistar para dar de baja tu móvil y la compañía, amablemente, se negará a hacerlo: ¿no se lo quiere quedar de recuerdo? Y la maldición se habrá perpetuado. Sólo pagando la cuota de mantenimiento.

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