Plasencia nos sube de categoría: De 'terroristas sociales' a 'talibanes ecologistas'
Si no hacemos nada, cualquier día el Parlamento decidirá desclasificar la democracia en nombre de la democracia. O quizás no haga falta explicitarlo porque ya está desclasificada".
Estamos atravesando difíciles tiempos en Tenerife donde se denigra, despelleja o se insulta descaradamente a todas aquellas personas que manifiesten alguna postura crítica con el desarrollo basado en las grandes infraestructuras que, generalmente, se encuentran poco justificadas en términos económicos y sociales, con ausencia absoluta del necesario debate social y donde cuatro especuladores son los que marcan las directrices de un supuesto desarrollo que esencialmente a ellos beneficia, olvidando las grandes carencias que presenta esta sociedad en materia de sanidad, transporte público, educación o el simple mantenimiento de las infraestructuras básicas existentes, en la mayor parte de los casos muy deterioradas y obsoletas.
En medio de este auténtico desatino hemos recibido la formidable noticia de que el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna, Federico Aguilera Klink, ha sido galardonado nada más y nada menos que con el premio nacional de Economía y Medio Ambiente. Una noticia que a todos los canarios debería llenarnos de orgullo en la medida que podemos contar con profesores de auténtico lujo en nuestra Universidad, que deberían representar un referente social y que, sin embargo, algunos medios de comunicación se han encargado de descalificar e insultar, simplemente porque sus planteamientos no coinciden con las pretensiones de esos piratas del cemento, que tanto daño están haciendo a esta tierra y que tanto están comprometiendo nuestro futuro.
Estos medios, como era de esperar, han ocultado convenientemente esta importantísima noticia que en cualquier lugar hubiese ocupado un trocito de la portada de toda la prensa local. Pero Federico Aguilera, junto con otros reconocidos profesores de la Universidad de La Laguna, se ha pronunciado públicamente a favor de otro modelo de desarrollo y ha puesto en duda la necesidad de infraestructuras de alto impacto como el puerto de Granadilla, cuando existe la opción más barata y eficaz de ampliar el de Santa Cruz, un terrible crimen que los especuladores, y los políticos y medios al servicio de éstos, difícilmente le podrán perdonar jamás.