2010, ¿el año de la qué?
El grito en el desierto no encuentra ni el menor eco. Ni siquiera muchos soberanistas de toda la vida quieren adherirse a esa Canarias libre, separada de los ´godos´ y los canariones (a ver cómo se entiende eso) que proclaman ´El Día´ y el Movimiento Patriórico Canario.
DANIEL MILLET | SANTA CRUZ DE TENERIFE Las misivas que
reivindican la independencia de Canarias a través de un iluso proceso de descolonización han llegado a la Casa Real, al Congreso de los Diputados, al Senado, al Gobierno de España, a la Comisión Europea y hasta a Naciones Unidas. ¿Quién verá las caras de los funcionarios al abrir los sobres y ver el contenido? Peor sería si conocieran exactamente lo que hay detrás. Pero las proclamas del Movimiento Patriótico Canario y del director-editor de El Día que lo apadrina son así: un mejunje grotesco de odas a la libertad de los canarios, insultos y descalificaciones a una mayoría de dirigentes políticos que ni les hacen el menor caso –ni siquiera los nacionalistas–, una retahíla de soflamas contra el enemigo canarión, paranoias antimarroquíes e incluso nostalgias del franquismo. Todo en el mismo plato; así, en bruto. ¿Cuál sería el resultado de esa Canarias libre que añoran los patriotas José Luis Concepción y José Rodríguez? ¿Un engendro de Frankenstein ataviado con bucio y taparrabos? ¿Sin Gran Canaria? ¿Fascista? ¿Sin Ejército colonial español? ¿Con Ejército colonial o simplemente español o peninsular? Es tan disparatado que ni siquiera una mayoría de independentistas de toda la vida se sienten mínimamente identificados con semejante esperpento.

Pero ellos siguen erre que erre, gritando en medio de un océano de repulsión y absoluta indiferencia, y ahora, además, con más razones, pues acaba de empezar su año, ojo: 2010, ¿el año de la qué? De la expulsión de los godos invasores que mataron a los guanches (fue hace más de 500 años, pero bueno, habrá que ver quién es godo y quién no en esas mentes obtusas, porque ¿lo decidirán ellos?), de la segregación del yugo canarión, de la patada a los políticos que ellos no creen patriotas. Para el editor-director de El Día, hay muchas cosas que están claras. Las escribe día sí, día también, en unos editoriales y comentarios anónimos que a veces emplean una tercera persona que le permite hablar de sí mismo, el triple mortal de una egolatría en ocasiones hasta inquietante. Sólo cabe reproducir algunos extractos recientes para intentar siquiera una mínima aproximación a este universo insólito en la historia del periodismo nacional.
"Canario, ¿no te das cuenta de que mientras seas colono de España eres la burla del mundo? Canario, ¿vas a seguir prestándole atención a los amantes de la españolidad de tus Islas, a los españolistas –y españolistos–, además de a los nacionalistas teóricos y tibios y a los claros traidores a tu patria guanche...". "Con Franco se vivía mejor; nos duele decirlo porque sufrimos el castigo del franquismo, pero Franco tenía razón cuando manifestó que los partidos políticos habían sido la ruina de España". "No queremos ser esclavos de ningún godo, ni de ningún peninsular; y mucho menos si también es godo". "Decir que somos españoles es un absurdo grotesco". "Lo mejor que se puede hacer con el Parlamento de Canarias es cerrarlo. El Gobierno autonómico, con su presidente al frente, debe organizar el traspaso de poderes, provisionales hasta la celebración de elecciones; provisionales, decimos, a personas de prestigio, inteligentes y patriotas, no a la ralea política actual. Del Estatuto y su reforma, nada. Eso es para carcajearse; una pura chafalmejada que sólo sirve para mantenernos sometidos a los godos y ponernos al servicio de los canariones".
Rodríguez y Concepción se amparan, ellos solos y con la complicidad en muchos puntos del Congreso Nacional Canario de Antonio Cubillo, en la Resolución del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, más concretamente en la resolución 43/47, en la cual se dio un mandato expreso desde 1991 a 2000 para la liberación de las colonias residuales del mundo, que posteriormente fue ampliado a 2010. En ningún caso, Canarias cumple con los condicionantes exigidos para semejante proceso por la ONU. De hecho, no está ni siquiera en la lista de regiones a descolonizar: Anguila, Bermudas, Gibraltar, Guam, Islas Caimán, Islas Malvinas, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Montserrat, Nueva Caledonia, Pitcairn, Sáhara Occidental, Samoa Americana, Santa Helena y Tokelau.
"Una profesora que tuve en Inglaterra me transformó cuando me dijo que Canarias era una posesión española y que los guanches no habían sido exterminados, como nos habían dicho en la escuela, sino que se adaptaron a la nueva sociedad impuesta". Fue así, en 1966, durante los diez años que
fue emigrante en Reino Unido como José Luis Concepción, como él mismo cuenta, se hizo patriota. Ahora, convertido en escritor y editor de libros sobre guanches y cocina típica canaria (algunos títulos con gran éxito en ventas, por cierto), se ha unido a la causa del prócer José Rodríguez, que, además de la independencia de una Canarias sin Gran (... Canaria), ha terminado 2009 y empezado 2010 con otra soberana ilusión: ser Premio Canarias de Comunicación, posiblemente uno de los pocos premios que le faltan en sus atiborradas vitrinas. "Mal que le pese a la prensa de Las Palmas, reiteramos que ese premio [el Premio Canarias de Comunicación] no tiene valor (ni siquiera existe) mientras no se lo den a El Día y a su editor, y no se lo darán por rencor político. Qué asco", escribió hace poco en una de sus encíclicas nivarienses.
Hay hueco para todo en este popurri inescrutable, incluso para las contradicciones flagrantes. Después de la mítica portada de octubre del año pasado, coincidiendo con el Consejo de Ministros celebrado en Las Palmas (ese pájaro canario, esos guanches en la cueva, ese grito de "Libertad para Canarias"), nos encontramos el pasado 7 de enero con otra portada donde se resalta una bandera de ¡España! Sí, de España, símbolo de esa colonia que nos aniquila y nos subyuga. Y se leía en el pie de foto: "El Ejército, garantía para las Islas". Entonces, ¿en qué quedamos?